Cuántas y cuántas veces no habrá venido algún cliente con la típica coletilla de » lo quiero para ayer «. Es algo típico, entras a la reunión con el cliente que, como es normal, está súper ilusionado con el nuevo proyecto que va a empezar. Empiezas a recoger un briefing que te ayude a darle las soluciones a los «problemas» que te está planteando y que le ayude a conseguir los objetivos que se ha propuesto. Todo marcha sobre ruedas, el proyecto es súper interesante y ya te estás imaginando inevitablemente qué cosas puedes o no puedes hacer (aunque la mayoría de las veces todo lo que te imaginas al final se convierte en otra cosa). Estás deseando salir de la reunión y empezar a investigar e indagar todo lo que habéis hablado hasta que el cliente pronuncia la temida frase » lo quiero para ayer «.
De repente el agobio te posee: «¿cómo me va a dar tiempo?, ¿cómo voy a encontrar esa solución en tan poco tiempo?, ¿cómo voy a hacer algo original y que nadie haya hecho?» son solo algunos de los innumerables interrogantes que de repente invaden tu cabeza. Pero claro, ese ilusionado cliente quizás no tiene conciencia del tiempo que hay que invertir para hacer un buen diseño, su proyecto va avanzando por las demás ramas y no quiere que la que te corresponde a ti se quede atrás. «Quizás la próxima vez venga con más tiempo» es algo que piensas, y que, cómo no reconocerlo, también pasa.
Esto es algo muy común en el mundo del diseño y la creatividad, que se da hasta en las mejores familias.
Por eso, una ilustradora holandesa, Floortjes, rompió una lanza a nuestro favor a través de su cuenta de Instagram. Un proyecto en el que toma como ejemplo la ilustración, y cómo éstas evolucionan según el tiempo dedicado a las mismas. No es lo mismo dedicar un minuto, que diez o veinte, lo mismo que no es igual dedicar a un proyecto un día, que un mes. Está claro que los resultados no van a ser iguales, que cuánto más tiempo tengas para dedicarle a un proyecto, mejor resuelto va a estar.